MÁS DE 600 MUERTOS EN EL DERRUMBE DE UN EDIFICIO EN BANGLADESH
(Foto: elmundo.es)
Doce
días después de que se derrumbara en Bangladesh un inmueble donde funcionaban
talleres de la industria textil, fuentes militares de ese país cifran en más de
620 las víctimas mortales. Desgraciadamente, me temo que esta cifra seguirá
subiendo.
El edificio Rana Plaza, de ocho
plantas y que acogía varios talleres textiles, un mercado y una sucursal de un
banco, se vino abajo a primera hora de la mañana del 24 de abril población de
Savar, a 24 kilómetros al noroeste de la capital de Bangladesh.
Casi
4000 obreros trabajaban en ese edificio en condiciones precarias. Según algunas
fuentes de la investigación, la causa del derrumbe puede haber sido la
sobrecarga provocada por el peso de cuatro enormes grupos electrógenos colocados
en los pisos superiores provocaron el colapso de la estructura.
Según esas fuentes, la vibración
producida por el funcionamiento de esos generadores, junto con la producida por
miles de máquinas de coser, produjeron el derrumbe. Un ingeniero ya había
avisado de la fragilidad del edificio.
Esta catástrofe
es solo un ejemplo más de las deplorables condiciones en las que trabajan miles
de obreros en un país que, con un 6% de tasa de crecimiento presume de ser uno
de los milagros económicos del subcontinente indio.
Con jornadas de 54 horas de trabajo a la
semana, la mayoría de los trabajadores
cobra el salario mínimo más bajo del planeta: 3.000 takas (algo menos de 30
euros) al mes. Como se ha podido demostrar, no existen medidas de seguridad
adecuadas y muchas veces no se abonan las horas extra ni se conceden bajas por
maternidad.
El salario lo fija el empresario en función
de un cupo de prendas por hora, generalmente muy por encima de lo alcanzable.
Esto obliga a los obreros a trabajar dos o tres horas más al día, pero sin
cobrar.
Además, los códigos de conducta que
imponen algunos clientes occidentales, hace que gran parte de la producción se
subcontrate en talleres semiclandestinos en los que no hay controles de la Administración.
Esto hace que la producción entre en una
cadena de subcontrataciones, con condiciones cada vez más precarias, en donde
es frecuente encontrar niños de 12 años y menos.
El sector textil de Bangladesh exporta casi 20.000 millones de
euros al año y emplea a tres millones de personas en unas 4.500 fábricas. En su
mayor parte esos productos se comercializan por empresas de Europa y EEUU que,
aunque exigen de manera formal que se cumplan ciertos requisitos dentro de sus
programas de responsabilidad social, en la práctica no evitan la precariedad en
las condiciones de trabajo de las fábricas en las que se elaboran buena parte
de los productos que comercializan.
MÁS INFORMACIÓN:
http://internacional.elpais.com/internacional/2013/05/02/actualidad/1367516763_553235.html
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